Ruspelstinski
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« : Julio 01, 2009, 05:31:37 » |
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La noche veraniega era cálida y apacible, gracias a la suave brisa que refrescaba el ambiente y agitaba las ramas de los árboles. El centro de un pequeño poblado escapaba a la oscuridad de la noche sin luna, que acechaba alrededor de la hoguera central como queriendo ahogarla para que su triunfo fuera completo. Un anciano hobbit se hallaba sentado en un corto y grueso tronco tumbado. Alrededor de la hoguera, una decena de chiquillos hobbits escuchaban al anciano.
“Esta historia no es una más de otras, pequeños. Es la historia de mi vida, vuestra vida y la vida de este pueblo: Hobbiton. Acaeció hace muchos años y todavía sigue su curso. Como el río que es cualquier historia, surge en pequeñas hileras de la roca del manantial, se congrega en un riachuelo, coincide con otros cursos, su fuerza crece hasta bramar por en medio de los campos como río y, finalmente, muere en el mar. Pero, incluso al desembocar, no acaba, tan solo se diluye, esperando revivir por boca de otros. Volver a brotar del manantial y recorrer una vez más el camino. Puede que este relato escape a mi habilidad de contar historias, pero no hay muchos que puedan contarla. El destino encontró a muchos a lo largo de este sendero y la muerte se cobró sus almas. Alto fue el precio a pagar por la victoria, no solo por nuestra raza sino por todas las Razas Libres de Argentum. Tan solo la ayuda de los dioses y los sacrificios de grandes guerreros, pudieron inclinar la balanza de la suerte a nuestro favor y pudimos frenar la Oscuridad antes de que devorara a los demás Elementos. Averno, El Innombrable, Señor de la Oscuridad, Lord de los Nosferatus, El Dios Caído, El Dragón Oscuro; no obtuvo su tributo y, por ello, estamos condenados a luchar hasta el fin de los tiempos.”
“Gran Maestre” – interrumpió un pequeño hobbit con el rostro iluminado por el fuego – “No tenemos miedo, haremos retroceder al Innombrable y le arrojaremos al Abismo Oscuro”.
Tras un breve silencio, durante el cual el Gran Maestre escrutó los ojos del muchacho, estalló en una sonora carcajada.
“Bien muchacho, valiente, heroico… joven. Todo ello es una buena base pero insuficiente para tan gran proeza, pequeño”.
Tras esto se dirigió a todos los pequeños hobbits, alzándose en pie.
“Disfrutad este tiempo que os ha tocado vivir mis pupilos. Consumid cada instante como si fuera el último momento de felicidad. Pues bien os digo, que la Gran Lucha se acerca y superará a cualquier batalla jamás librada. Por ello, no cometáis el error de caer en la contemplación. Preparaos, entrenad, creced. El gran dios Amón volverá a requerir guerreros para la Eterna Guerra. No olvidéis que esta será vuestra era, la Era de los Héroes…”
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